Hace poco leí un artículo en el NYT en español que reflexionaba acerca de cómo hacer el turismo más sostenible, sobre todo ahora que la pandemia dio un respiro a las sobrecargadas infraestructuras turísticas. Sin adentrarse en el cómo paliar el coste político y económico de una hipotética rebaja de la cuota de turistas, aconsejaba inclinarse hacia lo local y no a tanto a lo cool o lo que aparece en las guías turísticas que todos seguimos a pies juntillas. En definitiva, una invitación a valorar más lo que tenemos cerca e intentar ser felices y estar satisfechos con eso.
Difícilmente lo logremos. La pandemia parece haber reverdecido ese deseo irrefrenable de viajar al confín del mundo para conocer tal o cual monumento, sea natural o construido por el hombre, sin importar distancias ni precios ni impacto sostenible. Se prevé un resurgir aún más grande que el que se efectuó con el despilfarro anterior, acuciado por el nivel de ahorro que se logró en los poquitos meses que estuvimos encerrados en casa.
Evidencia de ello es la anécdota que me llegó a través de un allegado. Resulta que unos padres -ricos- no tuvieron mejor idea que darle como sorpresa a su hijo de 4 años un viaje a Laponia nada más y nada menos que a "conocer a papá noel". Mientras los oyentes de la anécdota de mi allegado se conmocionaban con el supuestamente hermoso gesto de los padres, yo no podía dejar de pensar en el despilfarro de recursos que supone realizar un viaje así con un fin tan superficial. Un viaje que implicará tres medios de transporte -avión, barco y tren- y que supondrá un enorme impacto ambiental para el planeta en términos de huella de carbono. Todo para que un nene de 4 años, que poco se enterará de lo que está haciendo, "conozca" a papá noel. Parece que al diagramar el viaje nadie pensó en lo que el nene vaya a pensar del viaje organizado por sus papis una vez crezca y se entere que Papá noel no existe y que hizo semejante viaje para ver un gordo farsante en una cabaña cualquiera en la nieve.
Se dice que el 2030 es la fecha límite para que la humanidad alcance un consenso y pueda evitar una catástrofe global. No parece posible que los seres humanos alcancemos ese nivel de sensatez y reflexión necesario que nos permita entender que nos estamos cargando lo poco que nos queda de este planeta. Si no lo hacemos, es probable que dentro de poco no quede laponia ni papá noel por visitar.

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