Monday, December 05, 2011

Saber escribir

Putas duchas inspiradoras. Eso es lo primero que pienso cuando me inspiro en la bañera mientras me froto mis partes íntimas (no de las maneras que una mente sucia podría pensar, sólo a efectos de limpieza corporal). La inspiración ducheril me hace cagar de frío, vestirme rápido y desear tener una moleskine mental para poder plasmar todo lo que pienso. Pero no. Tengo una ducha a medias y una cabeza a toda máquina. Más que una bendición, a veces puede ser hasta una maldición. Procurando secarte a toda marcha y a la vez repitiendo lo que pensaste para que no se vaya. Y cuando estás en esas, zas! Otra idea más, muchísimo mejor que la anterior y vos seguís húmedo…


Hacía mucho que no escribía por acá. Exactamente (ya saben lo importante que son las cifras para contrastar datos en este mundo) un año, dos meses y algunos días. Sé que me escribo casi a mi mismo, pero aún así siempre es placentero. Escribir. Descargarse. Soltar los pensamientos de uno, esos que a veces ni contamos a nuestra persona más íntima porque pensamos –o sabemos- que son una boludez. Tampoco es que vaya a soltar acá todas mis boludeces, pero al menos aproximaciones de ellas. Lo siento por mis amados lectores (si es que los hay).


Pensarán que el título no tiene nada que ver con los dos últimos párrafos. Y están en lo cierto. No tienen nada que ver, pero al menos son el título mismo: sé escribir, lo siento así y lo demuestro asá. Hoy me di cuenta que sabía y que podía escribir bien, que sabía como hacerlo de manera que a mi me guste y que a vos te entretenga. Cómo llegué a eso? Supongo que fue un proceso. Indescriptible, por cierto, pero proceso al fin. En qué se basa ese proceso? Podríamos decir, en palabras finas o refinadas (algo más que finas), en que dicho proceso se basa "en la lectura progresiva y adecuada de volúmenes escritos que cultiven nuestra mente y logren, en definitiva, la comprensión de las circunstancias del mundo y de las personas que nos rodean". Esta es la definición de la RAE sobre "saber escribir". Mentira, esa es la que me acabo de inventar. La genuina, según mi parecer, es mucho más sencilla: leer lindo. Que significa leer lindo? Lo dejo a la interpretación del lector, ya que de esa manera contribuyo a que el ávido lector piense por sí mismo, y por tanto me ciño a mi anterior definición, aunque sea falsa e inventada. Pero leer lindo es en definitiva leer lo que vos quieras, cuando quieras, y como quieras, siempre que te interese y que seas constante, o más o menos.


Sigo sin hablar sobre el título de esta entrada. Esa es la ventaja de escribir uno en su propio blog, que podés saltarte el tema cuando quieras. Pero ahora, como dice un gran amigo mío, voy a entrar en materia. Saber escribir es lo mismo que saber apreciar. Apreciamos cosas durante toda la vida, pero no siempre tenemos la certeza de que sabemos escribir, al menos algo un poco más coherente y bonito que la lista de la compra. Pero un día llega esa certeza, como un meteorito que te estalla sobre la cabeza. Como cuando Josep Guardiola tiene la certeza de que va a ganar el próximo partido tras encerrarse y ver fútbol durante horas (lo leí en una entrevista). Como cuando te viene una idea y estás en la ducha. Así te viene la sabiduría en la escritura, la certeza que sabés escribir. Así nomás: sabés escribir cuando podés describir en palabras las sensaciones que corren por dentro tuyo. Como esta que acabo de describir ahora.