
Ya sabía: tarde o temprano me iba a pasar. Dicen que con el tiempo, más nos parecemos a nuestros viejos. Yo pensaba que no, hasta que sin darte cuenta, te encontrás pegando jabones. Me explico: Mi viejo siempre, cuando se acababa un jabón o le quedaba muy poquito, lo pegaba al nuevo. Yo odiaba ese pedacito pegado: me respaba, y encima casi siempre era de distinto color al jabón nuevo adosado y no quedaba lindo. No lo pensé explícitamente, pero supongo que al sufrir esas constantes raspaduras, internamente formé una voluntad de nunca pegar un pedacito de jabón a uno nuevo. O eso creía yo al menos.
Hoy, y para mi sorpresa, al querer reemplazar el pedacito de jabón restante con un jabón nuevo, gordo, lindo y con mucho olor, inconscientemente le pegué el dichoso pedacito desnutrido y raspador. No me di cuenta hasta un ratito después, en el que medí la importancia del hecho que había transcurrido. No me queda otra que aceptarlo: a partir de ahora, mis jabones van a venir con yapa. Así que ya saben, si sus padres se sacan mocos, ustedes se los sacarán, sin darse cuenta, un día por sorpresa, aunque ahora aborrezcan el acto. Somos el resultado de nuestros padres. Somos lo que somos.
1 comment:
Recién me acordé de esto que pusiste. Por la mañana temprano tenía un hermoso y chiquitín jaboncito blanco, cuando a la noche llegue a casa fuí directo al baño a lavarme las manos (y hacer un pichin pero shh no digas nada) me encontré que esos pobres restos de trocitos blancuzcos estaban pegados al jabón nuevo de color verde. Mi papá hace lo mismo. Aunque el verde con el blanco combina, me termine quedando en las manos con el pedacito chiquito. Lo apretuje todo hasta terminarlo y verlo desaparecer. Nunca quedan bien pegados, siempre me los termino quedando en las manos.
Nos criaron así, que le vamos hacer. Tenemos lo mejor y lo peor de ellos…
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